Mamífero de más de 100 millones de años revela raíces evolutivas del pelo

Fósil del nuevo mamífero de 125 millones de años llamado 'Spinolestes xenarthrosus'.El yacimiento de Las Hoyas, en Cuenca, ha reconstruido a lo largo de más de 30 años un completo ecosistema de lo que fue un humedal tropical durante el Cretácico inferior, hace unos 125 millones de años. En ese tiempo, a veces por la casualidad de un arado forestal que pasaba por allí durante una repoblación y otras por el trabajo metódico de los paleontólogos, han aparecido ejemplares notables como el dinosaurio jorobado Concavenator corcovatus -bautizado como Pepito- o aves primitivas con garras y uñas como Iberomesornis.

Ya se han documentado allí más de 250 especies, pero aquellas charcas de agua dulce y suelos anegados que favorecieron la fosilización de aquel mundo primitivo acaban de aportar a la ciencia un nuevo e importante descubrimiento, realizado en el año 2011 por un colaborador amateur del equipo científico llamado José Luis Sañudo. Se trata de un pequeño mamífero -el único encontrado en Las Hoyas- de poco más de 20 centímetros y 50 gramos que preserva de una forma extraordinaria la piel y las primeras evidencias evolutivas del pelo que caracteriza a este grupo de animales al que pertenece el ser humano.

«En el registro fósil, este tipo de tejidos eran sombras e impresiones, pero no se conocía la anatomía fina del pelo. No se sabe cómo ha evolucionado el pelo», explicó ayer a este diario Ángela Delgado Buscalioni, paleontóloga de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y directora del proyecto de I+D Las Hoyas, horas antes de la presentación del espécimen en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha (Cuenca). «Ahora tenemos un primer punto de partida para empezar a hablar de la evolución del pelo, una evidencia rotunda sobre su origen y su estructura», dijo Delgado Buscalioni.

Este individuo -bautizado como Spinolestes xenarthrosus y cuyos parientes vivos más cercanos serían erizos, armadillos u osos hormigueros- es más de 60 millones de años más antiguo que el anterior fósil de mamífero con estas estructuras del pelaje bien conservadas.

«Retrasar la fecha de aparición de estas características es importante porque muestra que la diferenciación del pelaje en espinas, diferentes tipos de pelos y escamas callosas ocurrió tanto en los individuos troncales de las primeras etapas de la historia de los mamíferos, como independientemente en otros animales modernos como, por ejemplo, los erizos», según Martin.

Según detallan los autores del descubrimiento en una investigación publicada en la revista Nature, el hallazgo demuestra que, al contrario de lo que creía la comunidad científica, la evolución del pelo, junto con otras estructuras de la piel, no ocurrió gradualmente sino que tuvo lugar simultáneamente en el origen del linaje.

«Nuestro hallazgo es extraordinario porque muestra que la diferenciación del integumento de los mamíferos, el pelaje, ya había ocurrido en etapas muy tempranas de la historia evolutiva de los mamíferos», explicó a EL MUNDO Thomas Martin, investigador de la Universidad de Bonn (Alemania) y autor principal de la investigación. «Hasta ahora sabíamos que los primeros mamíferos tenían pelo, pero no sabíamos que ya habían desarrollado espinas, que son un tipo especializado de pelos», aseguró Martin. De hecho, el nombre de la nueva especie se debe a la presencia de estas estructuras llamadas por los investigadores protoespinas, formadas por la fusión de microtúbulos cilíndricos y con una estructura muy similar a la que tienen en la actualidad las espinas de animales como los erizos o los ratones espinosos (género Acomys).

«Se va a convertir en un paradigma evolutivo», según Delgado Buscalioni, debido a que es la primera especie fósil que revela de modo inequívoco la estructura microscópica del pelo que recubre la piel de los actuales mamíferos.

«Las impresiones de piel ofrecen además la primera evidencia de pabellones auriculares en el registro fósil de este grupo biológico», destacó durante la presentación Hugo Martín-Abad, también de la Unidad de Paleontología de la UAM. «Spinolestes también ha preservado una gran oreja externa y redondeada llamada pinna, que es la primera conocida en la historia de los mamíferos. Y que supone además una evidencia directa de que los mamíferos primitivos confiaban en el sentido de la audición para detectar a sus presas -insectos- y también a depredadores como los dinosaurios, por ejemplo», explicó Thomas Martin.

Los científicos pensaban que, en un momento tan primitivo de la evolución de los mamíferos, estos debían ser animales generalistas y con baja especialización, quizá trepadores, lentos e insectívoros. Sin embargo, Spinolestes era un animal con una fuerte especialización en sus extremidades para excavar, tenía melena en el cuello y una corta cresta que le recorría la espalda y se alimentaba, probablemente, de insectos y larvas.

(Con información de El Mundo)

Reconstrucción del mamífero 'Spinolestes'.

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