La miel salió sin cocaína

En la planta de beneficio se procesa el 70 por ciento de la miel de Cuba. Foto: Montos.

Sometida a rigurosos protocolos de control desde que entra a la planta de beneficio hasta que parte en bidones rumbo al mercado internacional, la miel procesada en Sancti Spíritus se declara libre de las impurezas del narcotráfico.

Seguro como está del control de la calidad puertas adentro de su empresa, Delso Viciedo, especialista comercial de la Planta de Beneficio de la Miel en Sancti Spíritus, concluye su breve diálogo con Escambray usando una frase radical: “Ustedes están perdiendo el tiempo aquí, adonde tienen que ir es al puerto de Colón, en Panamá”.

Y hasta allá iría este órgano de prensa, si pudiera, con el propósito de desentrañar los pormenores de una bola que lanzó al ruedo mediático hace apenas unos días la agencia EFE y que ha puesto en tela de juicio no solo la inocuidad de los productos manufacturados por la planta espirituana, sino lo que es aún más grave: el compromiso de Cuba en la lucha contra el narcotráfico.

Según las versiones de la citada agencia, el 14 de abril la Policía Nacional de Panamá incautó en el puerto de Colón 401 kilogramos de cocaína, transportados en un contenedor que había sido embarcado en el Puerto de Mariel y cuyo destino final sería Bélgica.

Pero hasta los propios funcionarios de Panamá han tenido que decir “digo” donde habían dicho “Diego” ante las pesquisas llevadas a cabo por las autoridades cubanas, que pusieron nombre y apellidos al contenedor, localizaron su procedencia y revisaron la documentación pertinente: había sido cargado en Sancti Spíritus y contenía miel de abejas en 60 bidones de metal de 200 litros cada uno; miel de abejas, no de caña, como originalmente había informado la policía panameña, un entuerto que se presume haya inspirado el nombre de la operación: Caña Brava.

El resultado preliminar de las indagaciones fue publicado de inmediato por la Aduana General de la República de Cuba en una nota oficial que traza grosso modo el itinerario de la carga: el pasado 6 de marzo de 2016 se realizó la recepción en la Terminal de Contenedores del Mariel del contenedor CLHU 387265-2 de 20 pies, que arribó por vía férrea desde Sancti Spíritus y que sería embarcado el 23 de marzo en el buque MSC Canberra Container. La nave partió del puerto del Mariel con destino a Bahamas al siguiente día con 791 contenedores a bordo y arribó el 5 de abril a Panamá, donde la carga sería trasbordada para seguir rumbo al Puerto de Amberes en Bélgica, a bordo de la motonave portuguesa Vargas Trade.

“Luego de las investigaciones correspondientes —ratifica la nota—, la revisión de las imágenes radiológicas, así como de los procedimientos establecidos para la inspección de los contenedores, la Aduana General de la República de Cuba puede asegurar categóricamente que el contenedor CLHU 387265-2 no era portador de drogas en su estructura, ni en los tanques metálicos que transportan la miel, por lo que el despacho de la agencia EFE carece de todo fundamento”.

Ya andan las autoridades panameñas echándose para atrás y reconociendo que, ciertamente, la droga pudo haber sido cargada en el puerto de Colón, un sitio al que, por más que quiera, no puede ir Escambray.

Hasta donde sí le es posible llegar, aunque Delso Viciedo no lo crea pertinente, es hasta la Planta de Beneficio de la Miel, un centro que se ha visto involucrado en un chanchullo internacional que pudiera empañar su imagen y que, al decir de sus operarios y directivos, les ha caído en paracaídas sin beberla ni comerla.

Encargada normalmente de filtrar y homogeneizar el 70 por ciento de la miel que producen los apicultores cubanos, la espirituana es una de las dos plantas de su tipo con que cuenta el país; la otra radica en Santiago de Cuba y beneficia el alimento procedente de las provincias orientales.

Con el propósito de elevar la inocuidad de sus procesos productivos, recientemente en la entidad fueron calibrados los equipos, auscultados los gigantescos tanques y examinados con lupa los protocolos; una liturgia escrupulosa que terminó con la entrega de la certificación y los avales que la declaran apta para enviar mieles a la Unión Europea.

Ello quiere decir, en buen cubano, que los compradores del Viejo Continente pueden confiar en el producto beneficiado en Sancti Spíritus con los ojos cerrados.

Tal vez por ello los trabajadores de la planta no salen de su estupor. No hay fuerza humana que les haga comprender cómo un rubro que chequean desde que entran los cargamentos de los apicultores, hasta que salen las mieles beneficiadas rumbo a la empresa comercializadora, Cubaexport; un proceso verificado al detalle por expertos, cámaras de seguridad y supervisores sea puesto en tela de juicio.

Para recalcar que no fue en la planta espirituana donde se originó el malentendido, Delso Viciedo explica no solo las garantías al interior de sus instalaciones, sino también los pasos que sigue la miel cuando pone un pie fuera, siempre bajo la jurisdicción de Servicios Internacionales de Supervisión Cubacontrol S.A.

Prácticamente mudados hacia la planta durante los días de la expedición de cada lote, los trabajadores de Cubacontrol garantizan la parte del proceso que les toca: “Puedo asegurar que en este caso no hubo ninguna irregularidad”, afirma Francisco José Prado Gómez, especialista en cargas mercantiles, casi tan categórico como la nota de la Aduana.

“Yo supervisé esta entrega en particular —insiste— y seguí la rutina que ya nos sabemos de memoria”. Y por rutina se refiere a comprobar el peso del producto, los parámetros de calidad según los requerimientos de los clientes específicos, la limpieza, colocación de todos los sellos —los que exige la empresa y los que exige el comprador—, el montaje de los bidones en el contenedor… y todo ello apuntalado con fotografías y una profusa documentación testimonial.

Según Prado Gómez, una vez encaramados en el contenedor, los tanques con la miel emprenden un largo y seguro trayecto que los lleva por medios terrestres hasta los centros de carga y descarga de Ciego de Ávila o Villa Clara, porque Sancti Spíritus no cuenta con uno propio, y desde allí son enviados a lomo de ferrocarril rumbo a la Terminal de Contenedores de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM).

Este es el recorrido estándar, describe el especialista; un recorrido que en el caso de marras se llevó a cabo a través del centro de carga de Villa Clara, pues sus homólogos de Ciego de Ávila —los únicos que accedieron a dar información a la prensa— no prestaron servicios desde enero hasta mediados de marzo.

El itinerario es, a todas luces, kilométrico, y en cada parada las fuentes consultadas por Escambray se atreverían a poner la mano en la candela por lo que consideran una verdad fuera de discusión: que no es posible colar 401 kilogramos de cocaína en 60 bidones de miel sin que nadie se dé cuenta.

Aunque no puede dar pormenores de la investigación todavía en curso, Isabel O’Reilly Caña, directora general de Cubaexport, se apresura para dejar sentado un punto: “De Cuba la miel no salió con drogas”, puntualiza, y a seguidas enumera los mil y un mecanismos de control que tiene su entidad para verificar las cargas que exporta.

Con más de 45 años de experiencia en la actividad comercial fuera de fronteras, Cubaexport ha adquirido prestigio entre las industrias y compañías especializadas en miel de abejas, café, cacao y otros productos en Japón, Canadá, Europa y América; un prestigio que pudiera verse opacado ahora, por más que las autoridades panameñas se estén desdiciendo y admitiendo que la cocaína no provenía de Cuba.

“Ya el daño está hecho —considera O’Reilly—, no obstante, hasta el momento no hemos tenido repercusiones; ningún cliente ha llamado con dudas a raíz de este caso en el que se pone en tela de juicio la credibilidad del país”.

¿Por qué este cargamento de miel cubana que iba rumbo a Bélgica se encontraba en Panamá?

“Porque estaba siendo trasbordado hacia un buque de línea interoceánico —explica—; es un procedimiento que hacemos en Panamá y otros países por las limitaciones a que estamos sometidos. La prueba de que no tuvo problemas, de que la cocaína no salió de Cuba, es que la carga ya está llegando a su destino”.

Por Gisselle Morales.

(Tomado de Cubadebate)

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