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Las negociaciones para el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos, conocido como TTIP, avanzan a paso de tortuga y corren el riesgo de quedar bloqueadas en cuanto el presidente estadounidense Barack Obama abandone la Casa Blanca. Pero en Europa, durante años, la polémica la marcó el secretismo de las negociaciones y las supuestas concesiones excesivas que la Comisión Europea estaría haciendo a Washington.

La ONG Greenpeace filtró anoche a varios diarios europeos parte de los documentos secretos de la negociación. En esos textos se muestra por primera vez cómo los negociadores estadounidenses están presionando a los europeos para imponer sus estándares en gran parte de la negociación, haciendo que los europeos tuvieran que rebajar ciertas normas medioambientales y de protección de los consumidores.

Greenpeace filtró el domingo a varios diarios y subió esta mañana a una página de Internet 248 páginas de las negociaciones que obtuvo durante la decimotercera ronda de conversaciones, que se cerró la semana pasada en Nueva York.

Los documentos muestran las diferencias importantes entre Bruselas y Washington. Para la Comisión Europea sólo muestran posiciones de negociación. Para los detractores del acuerdo consideran que la filtración arroja luz sobre cómo se están intentando rebajar los estándares medioambientales y de protección al consumidor en materia agroalimentaria.

La presión en Europa ha hecho que la Comisión Europea fuera publicando partes de los documentos de la negociación a cuentagotas, pero Washington nunca lo hizo. A los eurodiputados y a los diputados nacionales europeos sólo se les permite la revisión de esos documentos en “salas de lectura” vigiladas a las que no pueden entrar ni sus celulares ni material para tomar notas.

Los documentos parecen indicar que los europeos tienen más interés en la firma del acuerdo y que Washington parece “poco entusiasta”, aunque la semana pasada, en su visita a Alemania, el presidente Barack Obama presionó para que se avanzara y se pudiera firmar el acuerdo antes de su salida de la Casa Blanca, en enero de 2017.

El diario alemán “Süddeutsche Zeitung” –que tuvo acceso a todos los documentos la noche del domingo- editorializaba esta mañana diciendo que “la realidad de las negociaciones sobrepasa los peores presentimientos”. El debate en Alemania es muy enconado y los sondeos dicen que la mayoría de la población rechaza el acuerdo.

Uno de los asuntos más polémicos son los futuros tribunales de arbitraje –fuera de los sistemas jurídicos- para solucionar los diferendos que planteen las multinacionales que se consideren perjudicadas por legislaciones nacionales. Los críticos del acuerdo consideran que es una privatización de la Justicia a favor de las empresas privadas.

La Comisión Europea dijo hoy que la filtración no es más que una gota de agua en un vaso, pero su temor a que la filtración dañe las negociaciones hizo que la comisaria de Comercio Cecilia Malmström y el negociador jefe tuvieran que salir en público a comentar la filtración.

El ejecutivo europeo se niega por sistema a comentar documentos filtrados a la prensa, pero esta mañana criticó los “malentendidos” que puede generar la publicación de los documentos y prometió que nunca aceptará “rebajar” los niveles de protección medioambiental y de los consumidores.

Entre esas posibles rebajas que busca Washington estarían las regulaciones europeas sobre organismos genéticamente modificados –muy limitados en Europa y generalizados en Estados Unidos- o la apertura del mercado europeo a la carne tratada con hormonas –que en Europa está prohibida-.

La filtración también muestra la importancia del cabildeo de las grandes multinacionales y los lobbies empresariales en las negociaciones. En los documentos se hace referencia continuamente a la necesidad de consultar con las grandes empresas, pero nunca a tener en cuenta la posición de sindicatos, grupos medioambientales o de protección de los consumidores. En las negociaciones sobre protección medioambiental no aparece ninguna referencia al Acuerdo de París del año pasado para reducir las emisiones de CO2.

(Con información de Clarín)

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