Crecen riesgos globales por drogas ilícitas y recetadas

 Por Francisco Arias Fernández

Tratar de fortalecer la cooperación internacional para poder enfrentar con efectividad un flagelo que lejos de atenuarse se profundiza y recrudece, sigue siendo un propósito fundamental de la comunidad internacional, que lo patentizó en la sesión especial de la Asamblea General de la ONU sobre el problema mundial de las drogas, efectuada en 2016 en Nueva York, con la asistencia de representantes de 193 países, del que emergieron más de 100 recomendaciones concretas.

Cuba reiteró en ese evento su compromiso absoluto con el logro de sociedades libres de drogas ilícitas, un elemento vital para alcanzar un desarrollo sustentable y el bienestar de nuestros pueblos.

La posición geográfica de la Isla la ubica en el curso de las rutas que conectan las fuentes de producción de drogas ubicadas en Sudamérica con el mayor mercado de consumo, Estados Unidos, y en el epicentro de un planeta donde el narcotráfico se ha globalizado, los países de riesgo se multiplicaron en menos de una década, de una decena a más de 170 en la actualidad; los laboratorios proliferan en el norte e invaden los mercados que se abren en todos los puntos cardinales; las drogas sintéticas compiten y desplazan poco a poco a la cocaína, la heroína o el éxtasis.

Según datos de principios de la presente década, ya en el 2011 funcionaban en México 27 rutas para el trasiego de drogas hacia EE.UU. que se encargaban de hacer llegar cocaína de Sudamérica a 230 ciudades norteamericanas y la implicación de al menos 13 países. El mapa mundial es un entramado de flechas en todas direcciones de sustancias de todo tipo en una y otra dirección.

Por otra parte, los inhalantes y aerosoles ofrecen alternativas baratas y mortales para niños, adolescentes y jóvenes de familias de menos ingresos, mientras la marihuana (la más vendida y consumida en el mundo) es la reina indiscutida del negocio y como es lógico los grandes beneficiarios y traficantes tratan de coronarla, mediante su legalización como una mercancía más de la economía capitalista, que llena los bancos occidentales con una parte importante de los cerca de 600 mil millones de dólares anuales que genera el tráfico ilícito de narcóticos a nivel planetario.

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El comercio mundial y consumo indebido de medicamentos avanza a la velocidad de la luz y sin control, donde los grandes monopolios de la industria farmacéutica, en coalición con centros de investigación, clínicas, laboratorios y hospitales privados, redes de farmacias y médicos, diseminan millones de fármacos y adictos, con el apoyo de una extensa y compleja maquinaria mediática global, que promociona constantemente la aparición de nuevas “soluciones” para los más increíbles dolores y padecimientos.

Las redes de farmacias crece como la espuma en el mundo rico y pobre e invade las ciudades a un ritmo más acelerado incluso que los mercados de alimentos y se posicionan con gran facilidad porque no se circunscriben solo a la venta de medicamentos sino que son “farmatodo” y prestan servicio 24 horas. La eficacia es tal que genera cada año alrededor de 245 mil millones de dólares, mientras dispara la automedicación y el consumo innecesario e indebido de sustancias que pueden resultar letales para el ser humano.

De acuerdo con datos del organismo especializado de la ONU, se calcula que unos 250 millones de personas, es decir, alrededor del 5% de la población adulta mundial, consumieron drogas por lo menos una vez en 2015 y aún más inquietante es que unos 29,5 millones de esos consumidores, es decir, el 0,6% de la población adulta mundial, padecen trastornos provocados por el uso de drogas. Eso significa que su afición a las drogas es perjudicial hasta el punto de que pueden sufrir drogodependencia y necesitar tratamiento.

A nivel mundial se registran anualmente al menos unos 190.000 fallecimientos prematuros –en la mayoría de los casos, evitables– provocados por las drogas, mayormente imputables al consumo de opioides.

Los opioides, entre ellos la heroína, siguen siendo la clase de droga más nociva para la salud. Su consumo está asociado al riesgo de sobredosis fatales y no fatales, a la posibilidad de contraer enfermedades infecciosas como el VIH, la hepatitis C y la tuberculosis, debido a las prácticas peligrosas de consumo de drogas por inyección y al riesgo de otras patologías médica y psiquiátrica.

El daño causado por los opioides, problema que aqueja a muchos países, se hace especialmente evidente en los Estados Unidos. En esa nación, el uso indebido de fármacos opioides, sumado al aumento del consumo de heroína y fentanilo, ha desencadenado una epidemia combinada e interrelacionada, así como el aumento de la morbilidad y la mortalidad.

En ese país se registra alrededor de la cuarta parte del número estimado mundial de decesos relacionados con las drogas, entre ellos los provocados por sobredosis, que siguen aumentando.

Las muertes por sobredosis, en su mayoría causadas por opioides, se triplicaron con creces durante el período 1999-2015, pasando de 16.849 a 52.404 por año, y aumentaron el 11,4% en el 2016, en que alcanzaron un nivel sin precedentes. De hecho, en los Estados Unidos mueren muchas más personas cada año por uso indebido de opioides que por accidentes de tráfico o la violencia.

Datos oficiales de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos y la oficina antinarcóticos de la Casa Blanca, indican que “en 2014 los opiáceos estaban relacionados con la muerte de 28 067 personas, la gran mayoría por analgésicos recetados”.

Añade la información que esa cifra representa el 61% del total de muertes por sobredosis de todo tipo de drogas ese año:   47 055, el equivalente a unas 125 personas diarias, que marcó un nuevo récord anual en Estados Unidos.

Afirma el CDC que entre 2000 y 2014 casi medio millón de personas fallecieron por sobredosis en ese país y en 2014 hubo 1,5 veces más muertes por drogas que por accidentes de tránsito.

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El abuso de opiáceos recetados es el factor de riesgo más fuerte en el inicio del uso de la heroína, pues tienen efectos parecidos. Según la Casa Blanca, cuatro de cada cinco adictos de heroína primero fueron adictos a medicamentos recetados que son derivados del opio.

El Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas, en testimonio ante el Senado en 2014, afirmó que en el último cuarto de siglo el número de medicamentos derivados del opio con efectos similares a la heroína que fueron recetados en Estados Unidos se disparó de 76 millones en 1991 a casi    207 000 000 en 2013.

De acuerdo con los estimados de la ONU, últimamente se ha venido prestando especial atención a las amenazas planteadas por la metanfetamina y las nuevas sustancias psicoactivas (NSP). Sin embargo, tanto la fabricación de cocaína como la de opioides van en aumento. Esas sustancias siguen siendo motivo de grave preocupación, y no parece haber muchos indicios de que la crisis de los opioides vaya a mermar.

Lo cierto es que al iniciarse el pasado año consumían drogas por inyección alrededor de 12 millones de personas en el mundo, de las cuales 1,6 millones eran portadores del VIH, 6,1 millones vivían con el virus de la hepatitis C y 1,3 millones padecían de ambas enfermedades. La tragedia crece a la par del mercado.

Tomado de Razones de Cuba

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